Seis lecciones que aprender de los peores fallos de marketing de la historia


Desde el pasado miércoles el Museum of Failure (Museo del fracaso) ha encontrado por fin domicilio fijo en Helsingborg, Suecia.  Este singular museo se ha paseado en formato pop-up por Londres, Gotemburgo y Mälmo y a diferencia de otro tipo de museos, no celebra ni el éxito ni la innovación sino todo lo contrario: celebra el fracaso.

El responsable de Museum of Failure es Samuel West, que defiende la idea de que se puede aprender, y mucho, de los errores cometidos por las marcas a lo largo de su trayectoria. Por ello, el museo alberga en su interior más de 70 terribles errores que grandes marcas cometieron en su día.

Entre estos errores encontramos grandes lecciones. A continuación os dejamos las más importantes:

1. No todos los productos tienen por qué dirigirse a un género en concreto:

Para que una idea novedosa aterrice de forma exitosa en el mercado, las marcas deben buscar respuesta a una serie de preguntas, incluso aquellas que parecen evidentes, durante la fase de su desarrollo. Un claro ejemplo es la célebre marca de bolígrafos Bic cuando lanzó los polémicos “Bic for Her”, los cuales seguramente nunca habrían llegado a salir al mercado si la marca se hubiese parado a pensar que las mujeres no necesitan ningún producto especial adaptado a su genero para escribir.

2.  Los experimentos no siempre salen bien:

Y si no que que se lo hubiesen preguntado a Coca-cola allá por el año 1985 cuando decidió cambiar la receta de su refresco más famoso. La respuesta del público ante este cambio propuesto por la marca fue tan catastrófico que la nueva Coca-cola tan solo duró unos 79 días. A pesar de que muchos cuelgan la etiqueta de mayor desastre del marketing a la denominada “New Coke”, lo cierto es que la marca consiguió salir vivita y coleando de su experimento. Y es que, experimentar es esencial para innovar, pero los experimentos entrañan también multitud de peligros.

3. Sin posibilidad de fracaso, no hay posibilidad de innovación: 

Los expertos en innovación invitan a las marcas a innovar y además de la forma más rápida posible. Siendo conscientes de que la mayoría de las innovaciones fracasan, las marcas son perfectamente conscientes del riesgo que corren con sus inventivas. Seguramente Heinz también era consciente de que su producto podría darse de bruces con el fracaso cuando decidió lanzar al mercado un ketchup de color verde, que al menos, ya apenas es recordado.

4. En lo que concierne al diseño, menos es más:

En su día, Nokia apostó por fusionar los teléfonos móviles con las videoconsolas con su modelo N-Gage pasando por alto un importante detalle: su difícil utilización. Este fue el motivo por el cual el producto fracasó, ya que no lo hacía apto para el día a día.

Otro ejemplo de este error lo cometió también Newton, lanzando al mercado una PDA con reconocimiento de escritura de Apple que fracasó por el mismo motivo.

5. Las marcas pueden ser flexibles y polifacéticas, pero solo hasta cierto punto:

Bofers, una compañía armamentística sueca, decidió lanzar en su día un producto que dejó sorprendidos a muchos: una pasta de dientes. Un despropósito similar al de Colgate cuando decidió lanzar lasañas al mercado bajo su marca de dentífricos. Esto evidencia que muchas veces, y sin importar lo fuerte que pueda ser una marca, los productos a los que cobija pueden verse también sometidos al fracaso.

6. Innovación = “timing” + química con el consumidor. 

A veces, el fallo no está en el producto, si no en el “timing”, es decir, en el momento elegido para lanzar al mercado dicho producto.

Por ejemplo: las gafas inteligentes tienen todo el sentido del mundo dentro  de mundo de la medicina y sin embargo las Google Glass fracasaron. También Amazon se equivocó al lanzar su “Fire Phone”. Esto no quiere decir que la innovación no sea buena, si no que no se escogió el momento adecuado.

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